Treinta y tantos años más tarde, he visto Terminator (y ahora entiendo por qué volverá)

Lo confieso. Hasta hace unos días, no había visto ni una sola película de Terminator. Sé que suena casi imperdonable en el mundo del cine, pero simplemente nunca me había llamado la atención. Ya me había pasado con Titanic y con la saga Harry Potter, y estoy intentando solucionarlo.

No soy muy fan de las películas de acción sin sentido (the fast & the furious o triple XXX), de esas donde todo explota sin razón y los protagonistas disparan sin mirar. Pensaba que Terminator iba a ser algo por el estilo.
Pero después de ver las tres primeras películas seguidas, tengo que decirlo: me equivoqué.

El inicio de la aniquilación

Para alguien que nunca ha visto Terminator, la primera película de 1984 es una sorpresa. Yo esperaba un desfile de explosiones y tiros sin parar, pero en realidad es más un thriller de ciencia ficción con una historia que se toma su tiempo. James Cameron tenía claro que quería contar algo más que una simple persecución entre un robot asesino y una chica. Hay tensión, hay construcción de personajes y hasta toques de terror.

Ahora bien, Arnold Schwarzenegger como el T-800 es un casting perfecto. No sé si el tipo podía actuar bien en esa época, pero para este papel no hacía falta. Su físico imponente, su acento alemán y su expresión robótica natural lo convierten en el Terminator ideal. La primera película funciona porque es simple: el futuro es una mierda, los robots quieren exterminarnos y un pobre humano viaja en el tiempo para impedirlo. Pero entonces llega Terminator 2 y todo cambia.

Pero si hay alguien que hace un viaje brutal en la saga, esa es Sarah Connor. En la primera película, pasa de ser una camarera que apenas entiende lo que está pasando a convertirse en la madre del futuro líder de la resistencia. Pero es en Terminator 2 donde se come la pantalla.

El pico de la saga

Siempre se dice que las segundas partes son mejores. Y es verdad en casos contados: El Padrino II, El Imperio Contraataca y, por supuesto, Terminator 2: El Juicio Final. Esta película no solo supera a la original, sino que redefine lo que una secuela debería ser.
Aquí Schwarzenegger ya no es el villano, sino el héroe. John Connor, que en la primera era solo un «concepto», ahora es un niño que tendrá que liderar la resistencia humana contra las máquinas. Y entonces aparece el T-1000.

No sé qué pacto con el diablo hicieron para los efectos especiales, pero ver a Robert Patrick convertirse en mercurio líquido en 1991 sigue siendo impresionante. El T-1000 es uno de los mejores villanos del cine, y la dinámica entre Schwarzenegger y John Connor hace que la película tenga corazón. No es solo acción; hay drama, desarrollo de personajes y un final que, aunque previsible, sigue doliendo.

Pero volvamos a Sarah Connor. Si en la primera parte era una mujer asustada que no entendía nada, aquí es directamente una guerrera imparable. Linda Hamilton pasó de ser una chica normal a una auténtica máquina de supervivencia, con músculos, estrategia y una obsesión enfermiza por preparar a su hijo para lo que viene. Su arco de transformación es brutal, y verla manejar escopetas con una sola mano o enfrentarse al T-1000 es una de las mejores cosas de la película. No es la típica «damisela en apuros»; es la que lleva la película adelante.

La caída en desgracia

Y entonces, como siempre pasa cuando Hollywood quiere exprimir la gallina de los huevos de oro, llegó Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas.
Lo primero que pensé al verla fue: esto no era necesario. Después de la épica conclusión de T2, esta tercera parte parece un intento forzado de continuar la historia sin saber muy bien cómo hacerlo. No es un desastre absoluto, pero se nota que falta algo.

El tono cambia, las escenas de acción parecen más forzadas y el nuevo Terminator enemigo, la T-X, aunque tiene su punto, no logra generar el mismo impacto que el T-1000. Pero lo peor de todo es que Sarah Connor ya no está. Y se nota. Sin ella, la historia pierde mucho peso, porque lo que hacía grande a la saga no era solo la acción, sino la evolución de los personajes.

Conclusión: ¿volveré para ver más?

Después de esta maratón de Terminator, entiendo por qué esta saga es tan querida. No es solo acción sin sentido; hay una historia interesante sobre viajes en el tiempo, destino y rebelión. Aún no me animo a ver las secuelas posteriores, pero como dice el propio T-800: «Volveré»… quizás.

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